lunes, 3 de noviembre de 2014


CONSIDERACIONES SOBRE "EL CHICO DEL MILLÓN DE DÓLARES"

Una apuesta de la factoría Disney por apartarse de la animación e intentar realizar una película convencional pero sin dejar de ser Disney. Así que uno debe tener muy claro lo que va a ver para no llevarse sobresaltos.
Y es que basándose en una historia real que llevó a dos jóvenes hindúes, de un "reality show" a jugar en la Liga Mundial por "obra y gracia" de un agente deportivo en crisis, tenemos un producto bien facturado, previsible y donde brilla una historia de superación personal y buenos sentimientos.

El problema reside en su punto principal, ya que en Estados Unidos el baseball es casi una religión, pero en España es un deporte muy minoritario y a mi me interesa bastante poco, creo que no conozco ni las reglas básicas. En principio un impedimento para que la cinta me transmita algo más que hastío, pero de forma sorpresiva la historia me "enganchó" y en las dos horas que dura "El chico del millón de dólares" llevé bastante bien la trama de estos pueblerinos de la India que intentan realizar su sueño y aunque no llegue a los límites de "El mejor" de Barry Levinson, para mi, la mejor aproximación al deporte rey estadounidense, es pasable y con sus defectos incluidos una propuesta interesante.
Entre lo destacado, la puesta en escena muy clásica de Craig Gillespie, un "tipo" del que solo conocía su "remake" de "Noche de miedo" y que por amor a la original me había negado a ver y que tal vez deba replantearme su visionado. Bien, pues aunque no innove nada, el ritmo lo mantiene y eso en un tema para nada interesante es un punto muy a su favor. Parece claro que el montaje de Tatiana S. Riegel, su editora de confianza, tiene bastante que ver. Tampoco innova la fotografía del húngaro Gyula Pados, ni la música del ganador del Oscar por "Slumdog millionaire", A.R. Rahman, que compone una banda sonora parecida a la que le colocó en el mapa de los compositores. ya digo, nada es nuevo pero tampoco chirría.
Los actores si están bastante bien, encabezados por el televisivo Jon Hamm, famoso por "Mad men", Alan Arkin o Bill Paxton, aunque el papel de inocentes chicos hindúes de Suraj Sharma y Madhur Mittal y la bella vecina de Lake Bell, pierden "fuelle" por lo previsible de sus reacciones y por un exceso de ingenuidad, que por otro lado es la "marca de la casa". Lo mismo que sucedía en "Maléfica", exceso de almibar y azúcar.
Así que el guión, de un muy buen escritor, como Thomas Mc Carthy, consigue que con sus altibajos y el exceso de buenos sentimientos, llegue a "buen puerto" y que al final uno salga con una sonrisa.
¡La vida es así! y yo con Disney tengo una relación amor-odio digna de estudio, pues en principio este buenismo va bastante poco con mi carácter, en principio más pragmático, aunque si me gusta la idea de que quien lucha por un ideal o sueño, al final y con todos los obstáculos posibles lo consigue. Siempre he querido creer en eso, pues aunque la vida me ha deparado unos cuantos reveses, tampoco demasiado importantes; no conseguir el trabajo que quería, el triunfo en el cine, algunas rupturas amorosas y cosas similares, creo en el ser humano y la capacidad de mejora individual sobre la dádiva, el regalo sin esfuerzo del gobierno de turno o del estado, por muy bueno que sea. Entre otros motivos por eso me gustó tanto "Gravity", una historia donde los países no existen y nadie te va a ayudar, solo uno mismo puede salir de ese atolladero. Por ello me parece increíble como pueden afirmar en la actualidad sin el menor atisvo de vergüenza que la forma de luchar contra la corrupción institucional sea con mayor burocracia y más poder público. De locos.


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